Me despierto. No quiero abrir los ojos. Aunque normalmente el hecho de despertarse va unido a abrir los ojos, estoy aprendiendo a mantener mis ojos cerrados cuando tengo conciencia de estar despierta. La razón es sencilla: si abro los ojos cuando despierte sé que no te encontraré a mi lado, no habrá sonrisa en mis labios ni brillo en mis ojos. Pasaré toda la mañana con cara triste, esperando que llegue el momento de encontrarte en algún rincón de nuestro pequeño mundo para decirte que te extraño y tengo tantas ganas de verte... y seguiré esperando unas horas más hasta que por fin pueda verte, abrazarte, acariciarte, besarte.... la agonía de la espera me desespera y me hundo poquito a poco en preocupaciones estúpidas para ocupar mi mente.

Pero si mantengo cerrados los ojos unos instantes cuando despierto, si no dejo que la tenue luz de mi habitación invada mis pupilas, puedo imaginar que al despegar mis párpados te encontraré dormido a mi lado. Puedo acariciar tu cuerpo un momento, pasear mis dedos por tu rostro, sentir tu calor envolviéndome y tus brazos apresándome. Puedo despertarte con mis besos y ver tu sonrisa cuando al abrir tus ojos me encuentres.

Después de ese momento de no despertarme, puedo abrir los ojos sonriendo, con la misma conciencia de que pasaran las horas hasta que te encuentre en algún rincón de nuestro pequeño mundo para decirte que te extraño y tengo tantas ganas de verte... y que seguiré esperando unas horas más hasta que por fin pueda verte, abrazarte, acariciarte, besarte.... pero la agonía ya
no será demoledora. Afrontare las adversidades con una sonrisa, con una felicidad que me produce la simple idea de saber que puedo perderme en ti, que me harás reír cuando me encuentres, que podremos escondernos de la gente para estar solitos, y sentiré tu mirada y tus manos contando cada uno de los lunares
de mi cuerpo, y no podré dejar de sonreír al notar la yemas de tus dedos recorriendo mi piel (tú sabes porque), y solo desearé que los instantes se prolonguen, que los momentos a tu lado sean eternos, como las estrellas fijas que tanto me gusta mirar contigo, y los que estoy sin ti sean fugaces, como las estrellas que siempre buscamos y no aparecen, pero que más da? Cualquier deseo que pudiera pedirles ya se me ha concedido si puedo compartir cada momento de mis días contigo.



Recuperado de mi antiguo blog , escrito el 6 de julio de 2006, me ha parecido un buen post para hoy, porque a veces me encantan las cosas que escribo y además sigo sintiendo y pensando lo mismo que aquella noche de verano cuando lo escribí, aunque en este momento me sienta triste y sola y débil. Te quiero patito.