Lau y el piso de la calle San Luis
A veces, sin saber bien como ni porque, de pronto me encuentro mirando en el exterior de esta nube que es mi vida. Me encuentro mirando a mi vida. A esa parte de mi vida que se ha quedado “aislada” de lo que ahora me rodea por todas partes. Este amor que me nutre y me engrandece, también ha eclipsados ciertos aspectos más o menos importantes. Esta ambición que me consume y me gana terreno día a día, anula las cosas sencillas que antes tenia frente a frete. Aun así, mi felicidad es completa, sin dudarlo.
Hace unos días vi a Lau. No imagináis la gran alegría que supuso para mi encontrarla de pronto. No debería a ver sido una sorpresa, pero lo fue. Se me ocurrió dar un largo paseo hasta la otra punta d e la ciudad, hasta la calle San Luis para visitar a una amiga. Pero cual fue mi desconsuelo al llamar a su puerta y descubrir que no se encontraba en casa, por el contrario, en contre a Lau y alguien más. La alegría de ver a Lau me colapso tanto que incluso olvide saludar minimamente a la otra persona (que mal debió haberse sentido, y que mal debí quedar), pero es que Lau es una de esas personas que rebosa alegría y te contagia con solo mirarla. Es la cosa más normal del mundo que Lau estuviera en aquella casa, porque siempre esta allí. Supongo que ese piso se ha convertido en el centro de reunión para todas nosotras, para todas las que llegamos sin alguien a quien arrimarnos y nos juntamos sin darnos cuenta. Para todas menos para mi. Después de sonreír y reír sin parar en la compañía de Lau y bajo la atenta mirada de nuestra acompañante, llego la hora de la despedida. Esta contenta y me sentía bien, pero de pronto me di cuenta de esto que ahora os cuento. Abrace fuerte a Lau y ella dijo “Que alegría haberte visto después de tanto tiempo, espero verte más a menudo”, “Yo también espero veros pronto de a todas”, conteste, pero lo que me hizo entristecer de pronto fue la frase de la otra persona “Tendrás que venir tú a vernos, porque nosotras somos muchas y tú solo una” (no iremos a verte, así que no nos esperes...). y fue cuando pensé que a veces, hay que sacrificar ciertas cosas para conseguir otras. No puedo quejarme de nada, soy feliz con mi amor, me esfuerzo cuanto puedo para acabar pronto la carrera y tengo unas amigas y amigos estupendos. Soy feliz. Pero no se cuando podré volver a ese piso de la calle San Luis y volver a reír con Lau, y con todas las demás. Las echaré de menos, estoy segura.

buda dijo
Conozco esa sensación, tb perdí muchas cosas por el camino, que ahora echo de menos terriblemente. Me has conmovido en esta mñana de sábado, querida vecina. besos.
4 Noviembre 2006 | 01:58 PM